QEPD Wilindoro Cacique

No solamente se trata del MOVADEF

Publicado: 2012-07-06

Hace unos días, integrantes de MOVADEF irrumpieron en la presentación del libro "Profetas del Odio" de Gonzalo Portocarrero. Luego de aquello han aparecido algunas reacciones y considero importante revivir mi blog para ocuparme de ellas y del suceso en general.

En principio, hay que decir que la aparición de Crespo y su columna en la presentación del libro de Portocarrero tuvo un objetivo absolutamente político y que no tuvo nada que ver con demostrar algo en el terreno argumentativo, sino que fueron a hacer lo que se vio: a mostrar presencia públicamente, a imponerla en el lugar de discusión académica para castrarla, enrostrarle que realmente no puede decir ni hacer nada para que ellos desaparezcan. Evidentemente, ese objetivo fue cumplido a cabalidad.

A raíz de aquello nace un cuestionamiento perfectamente válido por el lugar de la academia en relación con la violencia política y el proceso de elaboración que acompaña al duelo y la reconciliación, que pasa también por un trabajo de comprensión de los hechos y de inscripción de aquello en la sociedad civil.

Lo que vimos fue un poco menos edificante: la mesa era compuesta por el autor, el ex comisionado de la CVR Rolando Ames, la secretaria ejecutiva de la CNDDHH Rocío Silva Santisteban y el analista Félix Reátegui, los que fueron básicamente avasallados por las consignas y acusaciones de Crespo y su gente. La única declaración de un Portocarrero tembloroso fue de que esa gente "ya no produce miedo" (lo cual es discutible), mientras que los organizadores defendían el formato del evento y Rocío Silva callaba gente como si fuera maestra de primaria, es decir, un llamado al orden desde la seguridad de la disciplina.

En efecto, la irrupción de aquella turba representante de una de las épocas más negras de nuestra sociedad es intimidante y se hace difícil reaccionar por ello mismo. Sin embargo, el solo ver a los organizadores y asistentes al evento impotentes y cabizbajos, desnuda una posición precaria de nuestra sociedad civil en lo concreto.

Hay quienes dicen que la actitud adoptada fue la mejor, que simplemente a esa gente se la expulsa y listo, no se le da explicaciones, respondiendo a la idea moralista de que "con los malos no debatimos". Podríamos ubicar aquí también a Portocarrero, que en sus declaraciones simplemente ha dicho que los jóvenes participantes del MOVADEF son "dementes" o "gente que persiste en el error". En definitiva se encuentra instalado cómodamente en la esperanza ideal de las "buenas soluciones", donde hay, al final del viaje, buenos y malos.

También hay comunicadores que sostienen (mucho más modernos, ellos) que "a los trolls no se les alimenta", reduciendo el significado de MOVADEF a un grupúsculo de gente que se reúne regularmente para joder. La posición de "El Morsa" pasa por ahí, sosteniéndose en la idea de que un grupo dogmático como MOVADEF no es interlocutor, sino que que pretende imponer su fundamentalismo a rajatabla, haciendo además un movimiento interesante por twitter cuando compara a ese fundamentalismo con el del Opus Dei en relación al aborto: no se puede razonar con ellos, entonces simplemente los dejas ahí.

Lo que sucede con estas posiciones es que se centran en el objeto ansiógeno, en lo que causa la angustia con su irrupción violenta y no se cuestionan en ningún momento por lo subjetivo de una sociedad civil que no sido capaz de historizar en lo más mínimo sus heridas. Siendo lacaniano diría que la irrupción de eso que nuestra sociedad tiene como no simbolizado, es su real. La reacción ante él es la es correr a toda prisa a buscar los espacios programados para escaparle -como por ejemplo el formato de la presentación del libro, pero lamentablemente a lo real no se lo doma ni se lo ignora: esto está en potencia ahí e irrumpe cuando quiere, impredecible.

Concuerdo con Martín Tanaka cuando dice que la solución es política, comparto las preguntas de Javier Urbina a Gonzalo Portocarrero. He aquí que encontramos precisamente que el proceso de despolitización iniciado por Fujimori y continuado utilitariamente por los regímenes sucesivos deja más indefensos y solitarios a los ciudadanos que se significan ahora como entidades individuales y ya no como un cuerpo social: ya no hay nada que los reúna en una consigna, por ejemplo para expulsar al MOVADEF de la sala, pese a ser mayoría. La fragmentación paraliza.

El rol de la academia en este sentido y, es más, en este episodio ha sido funesto: su tibieza resuena como el síntoma patente del fracaso de una sociedad civil, que aún en sus especialistas, no ha producido lo necesario para metabolizar la violencia política y más bien se pierde en el juego maniqueo de los "buenos y malos" , lo que finalmente revierte en que los simplismos que tanto nos han hecho daño en la lucha por una sociedad libre de terror cobrarán legitimidad ante la impotencia de no haber podido inscribir algo mejor. Aldo Mariátegui debe estar aún recuperándose del orgasmo que le produjo el video.

Mientras no comprendamos que un discurso político no responde al saber académico y que el saber académico no necesariamente politiza o influye en el discurso político, no habremos alcanzado el camino para tener intelectuales que puedan aportar a la sociedad y dejen de ser los "caviares" que rezongan de todo en sus clubes de amigos. Politicemos el discurso académico, hagámoslo llegar a los medios, que se sepa que se empieza a construir desde las aulas y la producción intelectual un discurso político contra la violencia. Esa es la oportunidad que se ha perdido en este enfrentamiento con el MOVADEF, no es la ruina de un programa de actividades a manos de "dementes" como algunos piensan. Al dogmatismo es al que se le combate: no al dogmático que no va a cambiar sino al discurso para evitar que se propague, no se le permite estar ahí siempre sino que se le apaga. El rechazo a SL no puede quedarse como ha sido hasta hoy en clichés sin significado, sino que hay que construir una comprensión política y eso es tarea de la academia y de los medios. No es casualidad que siempre regresen los malos y nos preguntemos qué pasa con la memoria: si no se historiza, no hay memoria y de eso se nutre la antipolítica (agradecen los Fujimori, Alan García y ahora el MOVADEF).

Belaúnde decía que las columnas de SL eran simplemente grupos de abigeos y, como los tiempos han cambiado, ahora decimos que son trolls. Habrán pasado los años, pero no hemos aprendido nada si realmente tomamos en serio eso. Esa es ignorancia 2.0.


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